Fin de semana largo. Me dirijo a la librería, voy directo a un vendedor y le pregunto:
—Buenas tardes, ¿el último libro de Liliana Bodoc? Sección juvenil —contesta buscando a la vez con su mirada una adolescente que no encuentra.
No me siento afectada por el desaire. Voy al encuentro del libro. Cuando lo tengo, deseo saber cuánto de mi economía quedará afectado por la compra. Pienso a la vez que de cualquier modo ya no importa cuánto sale. Las barritas me tranquilizan con menos de 100 pesos.
Llego a casa y empiezo. A pesar de haber leído completa La Saga de los confines (Norma/Suma de Letras), Amigos por el viento (Alfaguara), Sucedió en colores (Norma/Alfaguara)…, leo y releo la biografía de Liliana que me ofrece esa solapa. Cuánto la admiro.
Pero leo la reseña de contratapa y allí me vuelve a emocionar, como lo hace siempre:
No importa cuánto nos esforcemos en contar. La memoria tiene infinitas puertas y por eso nunca estará completa. Es solo dar cuenta de algo para que se abran cien vacíos, cien preguntas. ¿Qué ocurrió con Muesca-Cinco, el hijo más débil del guerrero? ¿Y cómo continuó la resistencia en las Tierras Antiguas? ¿Nacieron nuevos Brujos de la Tierra? ¿Cómo nació el sagrado juego del yocoy? ¿Por cuál de los dos ríos de su sangre se inclinó Yocoya-Tzin, heredero del trono del País del Sol? ¿Y la Destrenzada? ¿Y antes? ¿Y el Brujo Halcón en su metamorfosis? La Sombra y Vieja Kush están sentadas a la vera del tiempo, enhebrando un collar sin sentido. Cien respuestas para que se abran cien nuevos vacíos, cien nuevas preguntas.
Los relatos son el modo más humano del tiempo. Y solo narrando, de tarde en tarde, de boca en boca, nos hacemos eternos.
Con esta promesa, me afano al texto. Lo dejo porque ya es tarde, mañana empieza nuevamente la semana. Y ahora, mientras escribo lejos de mi casa, los relatos de los confines me esperan ansiosos allí, en mi mesa de luz, para que cuando el día termine, la lectura comience otra vez.
Liliana Bodoc, Relatos de los confines. Oficio de búhos (Editorial Suma de Letras).
Rocío Bressia
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Etiquetas: autores, literatura infantil