Es curioso porque de los más chicos, precisamente, vivimos sorprendiéndonos: ¡No sabés lo que hace mi sobrino de tres años: te abre los libros, simula que lee y te los cuenta completos!; Mi nieta usa expresiones que no podés creer, ¡parece un adulto!; Mi hijo de dos años tiene cada salida que a veces, te juro, parece un filósofo.
Sin embargo la literatura que abunda para estas edades no deja lugar a la sorpresa: previsibles, obvios, sin giros narrativos ni estéticos rodean los lugares consabidos de la identificación (el personaje que emula lo que hace un niño de esa edad) o del mundo animal (animalitos personificados).
Hola, doctor sí sorprende, es más, hace de la sorpresa su núcleo narrativo, así como juega a la vez intertextualmente con los cuentos tradicionales (el lobo malo).
Entonces, si no saben qué regalar/leer a un niño de dos, de tres, de cuatro y hasta de cinco años, sorpréndalos con ¡Hola, Doctor! (Océano Travesía, 2011).

